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La UNCUYO presentó una guía para el uso responsable de inteligencia artificial generativa

La Universidad Nacional de Cuyo estableció principios y recomendaciones para promover un uso ético, crítico y responsable de herramientas de inteligencia artificial generativa en ámbitos académicos, de investigación y de gestión. La iniciativa busca acompañar los desafíos que plantea esta tecnología en la educación superior. Todos los detalles en la siguiente nota.

imagen La UNCUYO presentó una guía para el uso responsable de inteligencia artificial generativa

La Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCUYO pone a disposición de la comunidad educativa la nueva guía institucional sobre el uso responsable de inteligencia artificial generativa, impulsada por la universidad con el objetivo de brindar orientaciones para la incorporación de estas herramientas en actividades académicas, científicas y administrativas.

El documento propone principios y recomendaciones para docentes, estudiantes, equipos de investigación y personal de gestión, con el objetivo de promover un uso transparente y responsable de herramientas de inteligencia artificial generativa en distintos ámbitos universitarios. Además, contempla diferentes niveles de riesgo según el tipo de aplicación que se realice.

Entre los principales lineamientos se destacan la necesidad de verificar la información producida por sistemas de IA, proteger los datos personales y sensibles, respetar los derechos de autor y declarar el uso de estas herramientas cuando corresponda. También se enfatiza la importancia de comprender las limitaciones y posibles sesgos presentes en los modelos generativos.

La guía contempla aplicaciones vinculadas a la producción de contenidos, organización de información, apoyo en tareas administrativas, asistencia para procesos de aprendizaje y acompañamiento en proyectos de investigación, siempre bajo criterios de responsabilidad y revisión crítica.

La UNCUYO define ocho principios fundamentales que orientan su implementación, entre ellos: la autoría responsable, la transparencia en el uso de las herramientas, la verificación de la información, la protección de datos personales, la supervisión humana en decisiones críticas, y la promoción de un uso inclusivo, accesible y ambientalmente sostenible.

¿Qué usos habilita y cómo deben aplicarse?

Uno de los aportes centrales de la guía es que no se limita a definir principios generales, sino que establece criterios concretos de uso según niveles de riesgo, con ejemplos aplicables a la vida universitaria.

En el nivel más básico, la inteligencia artificial puede utilizarse para tareas cotidianas como la corrección ortográfica y de estilo, la traducción automática, la generación de ideas preliminares, la organización de esquemas o el resumen de textos públicos. También se contempla su uso para estructurar apuntes o mejorar la redacción de materiales, siempre que no se involucren datos sensibles ni decisiones evaluativas.

En un nivel intermedio, la IAG puede emplearse como herramienta de apoyo en la elaboración de borradores de clases, consignas, rúbricas o informes académicos, así como en la redacción de documentos administrativos o la búsqueda asistida de bibliografía. En estos casos, la guía establece que es imprescindible una revisión humana crítica, ya que estos usos pueden incidir indirectamente en evaluaciones, publicaciones o decisiones institucionales.

El nivel más alto contempla situaciones de mayor sensibilidad, como el procesamiento de datos personales, la automatización de decisiones académicas o el uso de IA en evaluaciones. En estos casos, la normativa es clara: se requiere validación humana obligatoria, declaración explícita del uso de la herramienta y cumplimiento estricto de los principios institucionales. Además, se desaconseja el uso de sistemas automatizados como único criterio para calificar o tomar decisiones que afecten trayectorias académicas.

La guía también establece ejemplos concretos por rol

  • Para docentes, la IA puede ser útil en la mejora de materiales didácticos o en la planificación, pero nunca debe reemplazar el criterio pedagógico.
  • Para estudiantes, se promueve su uso como apoyo para estudiar (por ejemplo, para generar preguntas de examen o reorganizar contenidos), pero no como sustituto del proceso de aprendizaje ni en instancias evaluativas no autorizadas.
  • En investigación, su uso debe ser estrictamente instrumental, sin delegar decisiones metodológicas o analíticas.
  • Por último, en el ámbito administrativo, se habilita para optimizar tareas, siempre con revisión humana y resguardo de la información.

Otro aspecto importante es la obligación de transparentar el uso de la IA en producciones académicas o institucionales, indicando qué herramienta se utilizó, con qué finalidad y bajo qué tipo de intervención, reforzando así la trazabilidad y la integridad académica.

Además, la normativa prevé que cada unidad académica e instituto de la Universidad desarrolle planes propios de implementación, adaptados a las particularidades de cada disciplina. También se conformará un Grupo de Referentes Institucionales que tendrá a su cargo la actualización periódica de la guía, en función de los avances tecnológicos y las experiencias de uso.

Desde la Universidad destacan que este marco no busca restringir el uso de la inteligencia artificial, sino promover una apropiación consciente, informada y situada, que fortalezca el pensamiento crítico, la creatividad y la calidad académica.

Con esta iniciativa, la Universidad aplica su compromiso con una educación pública de calidad, capaz de integrar tecnologías emergentes sin perder de vista los valores de equidad, transparencia y responsabilidad social.

La guía completa y los principios institucionales pueden consultarse descargándola a continuación.

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